En cada tema, cada debate: "somos los mismos de siempre"... y muchas veces, "no nos une el amor, sino el espanto"
lunes, 29 de marzo de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
ELLOS: Chiche y la Dictadura
El periodista jefe de la revista Gente durante la época de la dictadura de Videla, en su programa diario de Radio Mitre, hoy a la mañana jugaba con sus columnistas preguntándoles qué se recordaba el feriado del 24 de marzo... "¿feriado por qué? ahh... por marzo del '76", decía graciosamente este hijo de mil putas, tremendo cómplice de lo peor de la Argentina.. que así se burla de los miles de desaparecidos, de sus familias, de los torturados, de los hijos secuestrados y de cada uno de los argentinos de bien que recordamos ese día como el de la peor tragedia que vivió el país y que espera nunva se vuelva a repetir.

Vos Chiche, cuyos pergaminos son llevar a lo más freack y bizarro que anda dando vueltas por ahí, que inventaste el detector de mentiras, que te regodeas de las peores miserias del ser humano... vos que das pena, te reís del 24 de marzo... triste país que expone a ese personaje en canal 13 y radio Mitre, espacios de la señora de Noble, expropiadora de hijos de militantes...
Gustavo Lamouret

Vos Chiche, cuyos pergaminos son llevar a lo más freack y bizarro que anda dando vueltas por ahí, que inventaste el detector de mentiras, que te regodeas de las peores miserias del ser humano... vos que das pena, te reís del 24 de marzo... triste país que expone a ese personaje en canal 13 y radio Mitre, espacios de la señora de Noble, expropiadora de hijos de militantes...
Gustavo Lamouret
domingo, 7 de marzo de 2010
ELLOS: la derecha latinoamericana
La derecha regional se relame
"el péndulo se está moviendo"
Las organizaciones políticas de derecha aglutinadas en la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA) advirtieron un retroceso de la izquierda en la región, con los recientes triunfos electorales en Chile, Costa Rica, Honduras (golpe mediante) y Panamá. Acerca del golpe contra Manuel Zelaya, consideraron que fue "la reacción de la gente que se aburrió de un Gobierno que cada vez iba más hacia la izquierda y con tendencia dictatorial".
"Hay un renacer y un cambio de posiciones y el péndulo se está moviendo. Esperamos que en toda América Latina vaya habiendo un cambio", dijo el ex presidente salvadoreño Armando Calderón (1994-1999), según difundió el periódico el Diario de Hoy.
En el mismo sentido se pronunció la sueca Eva Gustavsson, de la Fundación Jarl Hjalmarson, quien vislumbró un resurgimiento de la derecha con la llegada de gobiernos como el que preside Porfirio Lobo en Honduras, Ricardo Martinelli en Panamá o los mandatarios electos de Chile, Sebastián Piñera, y Costa Rica, Laura Chinchilla.
"Hace dos años en toda la región latinoamericana (...) todo el mundo volteaba sus ojos a gobiernos de Bolivia, de Venezuela, de Michelle Bachelet, que tenían una tendencia bien clara, pero eso ahora está cambiando", añadió al periódico salvadoreño.
Alejandra Páiz, del Partido Unionista de Guatemala, opinó, por su parte, que "todos los problemas de escasez que se están viviendo en estos países con regímenes socialistas hacen que la gente se desespere y busque nuevas alternativas".
Sobre el caso de Venezuela, Calderón, del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), señaló que en ese país "se está cambiando" y la opinión del pueblo hacia el presidente Hugo Chávez "se ha desmejorado, se está cayendo, se está derrumbando".
También el diputado hondureño Mario Barahona, del Partido Nacional, al que pertenece el presidente Lobo, vaticinó un retroceso del modelo que promueve Chávez. "Es muy poco el tiempo que le queda para que caiga", sostuvo.
Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/ultimas/20-141574-2010-03-07.html
lunes, 22 de febrero de 2010
Nosotros: Eduardo Aliverti

El Odio, por Eduardo Aliverti (Página 12, Lunes 22 de febrero de 2010)
Sí, el tema de estas líneas es el odio. Planteado así, de manera tan seca y contundente, quizás y ante todo deba reconocerse que es más propio de cientistas sociales que de un simple periodista u opinólogo. Pero, precisamente porque uno es esto último, registra que su razonamiento respecto del clima político y social de la Argentina desemboca en algo que ya excede a la mera observación periodística.
Hay –es probable– una única cosa con la que muy difícilmente no nos pongamos todos de acuerdo, si se parte de una básica honestidad intelectual. Con cuantos méritos y deficiencias quieran reconocérsele e imputarle, desde 2003 el kirchnerismo reintrodujo el valor de la política, como ámbito en el que decidir la economía y como herramienta para poner en discusión los dogmas impuestos por el neoliberalismo. Ambos dispositivos habían desaparecido casi desde el mismo comienzo del menemismo, continuaron evaporados durante la gestión de la Alianza y, obviamente, el interregno del Padrino no estaba en actitud ni aptitud para alterarlos. Fueron trece años o más (si se toman los últimos del gobierno de Alfonsín, cuando quedó al arbitrio de las “fuerzas del mercado”) de un vaciamiento político portentoso. El país fue rematado bajo las leyes del Consenso de Washington y la rata, con una audacia que es menester admitirle, se limitó a aplicar el ordenamiento que, por cierto, estaba en línea con la corriente mundial. También de la mano con algunos aires de cambio en ese estándar, y así se concediera que no quedaba otra chance tras la devastación, la etapa arrancada hace siete años volvió a familiarizarnos con algunos de los significados que se creían prehistóricos: intervención del Estado en la economía a efectos de ciertas reparaciones sociales; apuesta al mercado interno como motor o batería de los negocios; reactivación industrial; firmeza en las relaciones con varios de los núcleos duros del establishment. Y a esa suma hay que agregar algo a lo cual, como adelanto de alguna hipótesis, parecería que debe dársele una relevancia enorme. Son las acciones y gestos en el escenario definido como estrictamente político, desde un lugar de recategorización simbólica: impulso de los juicios a los genocidas; transformación de la Corte Suprema; enfriamiento subrayado con la cúpula de la Iglesia Católica; Madres y Abuelas resaltadas como orgullo nacional y entrando a la Casa Rosada antes que los CEO de las multinacionales; militancia de los ’70 en posiciones de poder. En definitiva, y –para ampliar– aun cuando se otorgara que este bagaje provino de circunstancias de época, sobreactuaciones, conciencia culposa o cuanto quisiera argüirse para restarles cualidades a sus ejecutores, nadie, con sinceridad, puede refutar que se trató de un “reingreso” de la política. Las grandes patronales de la economía ya no eran lo único habilitado para decir y mandar. Hasta acá llegamos. Adelante de esta coincidencia que a derecha e izquierda podría presumirse generalizada, no hay ninguna otra. Se pudre todo. Pero se pudre de dos formas diferentes. Una que podría considerarse “natural”. Y otra que es el motivo de nuestros desvelos. O bien, de una ratificación que no quisiéramos encontrar.
La primera nace en el entendimiento de la política como un espacio de disputa de intereses y necesidades de clase y sector. Por lo tanto, es un terreno de conflicto permanente, que ondula entre la crispación y la tranquilidad relativa según sean el volumen y la calidad de los actores que forcejean. Este Gobierno, está claro, afectó algunos intereses muy importantes. Seguramente menos que los aspirables desde una perspectiva de izquierda clásica, pero eso no invalida lo anterior. Tres de esos enfrentamientos en particular, debido al tamaño de los bandos conmovidos, representan un quiebre fatal en el modo con que la clase dominante visualiza al oficialismo. Las retenciones agropecuarias, la reestatización del sistema jubilatorio y la ley de medios audiovisuales. Ese combo aunó la furia. Una mano en el bolsillo del “campo”; otra en uno de los negociados públicos más espeluznantes que sobrevivían de los ’90, y otra en el del grupo comunicacional más grande del país, con el bonus track de haberle quitado la televisación del fútbol. De vuelta: no vienen al caso las motivaciones que el kirchnerismo tenga o haya tenido y no por no ser apasionante y hasta necesario discutirlas, sino porque no son aquí el objeto de estudio. Es irrebatible que ese trío de medidas –y algunas acompañantes– desató sobre el Gobierno el ataque más fanático de que se tenga memoria. Hay que retroceder hasta el segundo mandato de Perón, o al de Illia, para encontrar –tal vez– algo semejante. Potenciados por el papel aplastante que adquirieron, los medios de comunicación son un vehículo primordial de esa ira. El firmante confiesa que sólo la obligación profesional lo mueve a continuar prestando atención puntillosa a la mayoría de los diarios, programas radiofónicos, noticieros televisivos. No es ya una cuestión de intolerancia ideológica sino de repugnancia, literalmente, por la impudicia con que se tergiversa la información, con que se inventa, con que se apela a cualquier recurso, con que se bastardea a la actividad periodística hasta el punto de sentir vergüenza ajena. Todo abonado, claro está, por el hecho de que uno pertenece a este ambiente hace ya muchos años, y entonces conoce los bueyes y no puede creer, no quiere creer, que caigan tan bajo colegas que hasta ayer nomás abrevaban en el ideario de la rigurosidad profesional. Ni siquiera hablamos de que eran progresistas. La semana pasada se pudo leer que los K son susceptibles de ser comparados con Galtieri. Se pudo escuchar que hay olor a 2001. Hay un límite, carajo, para seguir afirmando lo que el interés del medio requiere. Gente de renombre, además, que no se va a quedar sin trabajo. Gente –no toda, desde ya– de la que uno sabe que no piensa políticamente lo que está diciendo, a menos que haya mentido toda su vida.
Sin embargo, más allá de estas disquisiciones, todavía estamos en el campo de batalla “natural” de la lucha política; es decir, aquel en el que la profundidad o percepción de unas medidas gubernamentales, y del tono oficialista en general, dividieron las aguas con virulencia. Son colisiones con saña entre factores de poder, los grandes medios forman parte implícita de la oposición (como alternativamente ocurre en casi todo el mundo) y no habría de qué asombrarse ni temer. Pero las cosas se complican cuando nos salimos de la esfera de esos tanques chocadores, y pasamos a lo que el convencionalismo denomina “la gente” común. Y específicamente la clase media, no sólo de Buenos Aires, cuyas vastas porciones –junto con muchas populares del conurbano bonaerense– fueron las que el 28-J produjeron la derrota electoral del kirchnerismo. ¿Hay sincronía entre la situación económica de los sectores medios y su bronca ya pareciera que crónica? Por fuera de la escalada inflacionaria de las últimas semanas, tanto en el repaso del total de la gestión como de la coyuntura, los números dan a favor. En cotejo con lo que ocurría en 2003, cuando calculado en ingresos de bolsillo pasó a ser pobre el 50 por ciento del país, o con las marquesinas de esta temporada veraniega, en la que se batieron todos los records de movimiento turístico y consumo, suena inconcebible que el grueso de la clase media pueda decir que está peor o que le va decididamente mal. Pero eso sería lo que en buena medida expresaron las urnas, y lo que en forma monotemática señalan los medios.
Veamos las graduaciones con que se manifiesta ese disconformismo. Porque podría conferirse la licencia de que, justamente por ir mejor las cosas en lo económico, la “gente” se permite atender otros aspectos en los que el oficialismo queda muy mal parado, o apto para las acusaciones. Ya se sabe: autoritarismo, sospechas de corrupción, desprecio por el consenso, ausencia de vocación federalista, capitalismo de amigotes y tanto más por el estilo. Nada distinto, sin ir más lejos, a lo que recién sobre su final se le endilgó a Menem y su harén de mafiosos. ¿Qué habrá sucedido para que, de aquel tiempo a hoy, y a escalas tan similares de bonanza económica real o presunta, éstos sean el Gobierno montonero, la puta guerrillera, la grasa que se enchastra de maquillaje, los blogs rebosantes de felicidad por la carótida de Kirchner, los ladrones de Santa Cruz, la degenerada que usa carteras de 5 mil dólares, la instalación mediática de que no llegan al 2011, el olor al 2001, el uso del avión presidencial para viajes particulares? ¿Cómo es que la avispa de uno sirvió para que se cagaran todos de la risa y las cirugías de la otra son el símbolo de a qué se dedica esta yegua mientras el campo se nos muere? ¿Cómo es que cuando perpetraron el desfalco de la jubilación privada nos habíamos alineado con la modernidad, y cuando se volvió al Estado es para que estos chorros sigan comprándose El Calafate? Pero sobre todo, ¿cómo es que todo eso lo dice tanta gente a la que en plata le va mejor?
Uno sospecharía principalmente de los medios. De sus maniobras. De que es un escenario que montan. Pues no. Por mucho que haya de eso, de lo que en verdad sospecha es de que el odio generado en las clases altas, por la afectación de algunos de sus símbolos intocables, ha reinstalado entre la media el temor de que todo se vaya al diablo y pueda perder algunas de las parcelas pequebú que se le terminaron yendo irremediablemente ahí, al diablo, cada vez que gobernaron los tipos a los que les hace el coro.
Debería ser increíble, pero más de 50 años después parece que volvió el “Viva el Cáncer” con que los antepasados de estos miserables festejaron la muerte de Eva.
martes, 16 de febrero de 2010
Nosotros: Alejandro Dolina

“Muy buena parte de la tristeza que yo tengo proviene de la coyuntura política actual, me produce una profunda desazón. ¿Por qué? Por razones que ustedes deberían saber mucho mejor que yo. Se ha producido una manipulación tal de la opinión pública que asistimos al desconocimiento y a la negación de toda política popular que se viniere a emprender, al regreso de fantasmones como el neoliberalismo y el autoritarismo. Pensamientos que hasta hace algunos años algunos no se atrevían a exponer públicamente, ahora son expuestos incluso con orgullo y hasta con cierto glamour. Estoy hablando, por ejemplo, de la pena de muerte, por decir algo: es uno solo entre tantos ejemplos. Eso me preocupa mucho. En lo político, además, ya no se discuten políticas, se discuten gestos, situaciones... Se describe, por ejemplo, la situación del país a partir de una noticia policial. Esa forma de pensar que es absurda, que es ridícula, sin embargo es la más utilizada por el periodismo y por la gente que es influida por el periodista. ‘Mirá cómo estaremos que le afanaron al quiosquero.’ Después se habla de la inseguridad. Entonces la inseguridad está compuesta por los delitos interpersonales. Sin embargo, nadie habla de los delitos sociales, los que cometen por ejemplo las empresas, las quiebras fraudulentas, el saqueo de los bancos. Entonces todo, la sumatoria, tiene un costo social mucho más grande que el que pueden tener los delitos interpersonales. Sin embargo, no se habla de eso. Cito esto como ejemplo de una forma de pensar que es no políticamente incorrecta sino lógicamente incorrecta. Así no se piensa, eso es malpensar. El pensamiento crítico, el pensamiento científico, sigue otros caminos. Entonces cuando yo veo razonar de esa manera a la gente, decir ‘me han robado, lo mejor sería eliminar a todos los ladrones matándolos’, me parece que asisto al renacimiento de la crueldad, del autoritarismo. Pero también veo que ni siquiera esas desagradables ideologías van de la mano de ninguna inteligencia”.
Suplemento Radar, Página 12 (domingo 14 de febrero de 2010)
lunes, 21 de diciembre de 2009
NOSOTROS: Evo (EEUU y el imperialismo/terrorismo)
“Estados Unidos no tiene ninguna autoridad para hablar de terrorismo cuando ellos son los que practican terrorismo enviando tropas militares a otros países y sentando bases militares en algunas regiones de este planeta”...

“Quiero decir al Departamento de Estado y especialmente a su gobierno: somos un país soberano, somos dignos y no aceptamos ninguna advertencia ni amenaza. Sin el imperialismo, sin el capitalismo, Bolivia está mejor todavía. Dicen que Irán exporta terrorismo. ¿Saben quiénes exportan terrorismo? Aquella gente que manda tropas a otros países, los que instalan bases militares. Ellos son los que practican y hacen terrorismo. Es el gobierno de EE.UU. el que practica y hace terrorismo”

“Quiero decir al Departamento de Estado y especialmente a su gobierno: somos un país soberano, somos dignos y no aceptamos ninguna advertencia ni amenaza. Sin el imperialismo, sin el capitalismo, Bolivia está mejor todavía. Dicen que Irán exporta terrorismo. ¿Saben quiénes exportan terrorismo? Aquella gente que manda tropas a otros países, los que instalan bases militares. Ellos son los que practican y hacen terrorismo. Es el gobierno de EE.UU. el que practica y hace terrorismo”
viernes, 11 de diciembre de 2009
ELLOS: milicos genocidas

El ex jefe del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, sumó este viernes su tercera condena a prisión perpetua por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Además, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Córdoba, que lo juzgó por el secuestro, tortura y asesinato del subcomisario Ricardo Fermín Albareda y los secuestros y torturas aplicados a otros nueve sobrevivientes, le revocó la prisión domiciliaria y dispuso que el represor cumpla su condena en una cárcel común.
Antes de escuchar su condena, la segunda por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, el ex militar se defendió al asegurar que los cargos que se le atribuyen se deben a la “amenaza del comunismo” e insistió en que “los guerrilleros” están en el Gobierno "ocupando puestos" bajo "una piel de corderos".
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